Blog del Pastor Luis Gómez

La meta del cristiano

Gálatas 4:19

Reflexión del día

“Querido hijos (hijitos míos), por quienes de nuevo sufro dolores como de parto hasta

que Cristo sea formado en vosotros”

           Este versículo ha de ser unido o entendido teniendo como complemento Efesios 4:13, 5:26-27 donde se describe la meta sublime hacia la cual debe todo cristiano en particular y la iglesia en general debe anhelar y esforzarse por alcanzar, que Cristo sea formado en cada uno.

¿Qué significa e implica la frase “que Cristo sea formado en mí”?  Significa que cada día la gente pueda ver  el carácter de Cristo en mi vida.  Cristo en mis palabras, pensamientos y sentimientos, actitud y comportamiento.   Es vivir el fruto del Espíritu en mi vida (Ga. 5:22-23).

En la medida que Cristo se vaya formando en mi, el amor hacia él crecerá, seré paciente, humilde, manso, seguro, y tendré dominio propio.  Mi fe en Dios y su palabra la demostrare por medio de la obediencia y la paz, la tranquilidad, el contentamiento de Dios será mi fuerza interna.

Implica despojarme de todo lo que va en contra de Cristo como  el orgullo, autosuficiencia, soberbia, indiferencia, malicia, y malos hábitos.    Es renunciar a todas las cosas que estorban mi crecimiento espiritual, y apropiarme para practicar aquello que contribuye a mi desarrollo espiritual donde Cristo se va formando en mi vida como, hablar mejor, amar como él, confiar más en Dios y dejar que Cristo participe en mis planes, metas, proyectos, trabajo, estudios, familia, etc.

Si deseo obedecer a Cristo, debo conocer su voluntad, la cual está plenamente expresada en la Biblia.  Significa que debo leerla, conocerla, estudiarla, meditarla, disfrutarla, obedecerla y compartirla.

¿Qué debe dejar de hacer y comenzar a hacer para que Cristo sea formado en usted?

Haga una lista de las cosas que necesita abandonar para que Cristo sea formado en su vida, y luego una lista más de las cosas que necesita comenzar a practicar o hacer para que cada día se parezca más a Cristo.

Dr. Luis Gómez Chávez

Con tan solo un poco de tiempo que tomemos para buscar en la Biblia la frecuencia de la palabra ´alabar a Dios´ unida a los muchos sinónimos; es suficiente para hacer una larga lista y la información será muy extensa. ¿Qué importancia tiene para el ser humano alabar a Dios? ¿Qué importancia tiene para Dios que el hombre le alabe? ¿Qué beneficios recibe quien decide alabar a Dios?

Por otro lado, si miramos a nuestro alrededor con la mente puesta en el Salmo 150:6 ´Todo lo que respire alabe a Jehová´, nos daremos cuenta que ´alabar a Dios´ es nuestra obligación.  Pero, ¿quiénes más, aparte de los humanos, pueden alabar a Dios?  El salmo dice: ´Todo-lo-que-respire´. ¿Quiénes o que más respira en la tierra aparte de los seres humanos?  No solo son los humanos, sino también los animales y los árboles.

Deténgase un momento para observar el movimiento y el accionar de los árboles. ¿Estarán alabando a Dios, su Creador?  Luego, piense en los animales, estos cantan, ¿Para quién más pueden cantar?  Hay agradecimiento por el sol, la lluvia, la hierba, y agradecen a Dios por su existencia.  En el canto de los animales hay música, ritmo, alabanza y gratitud.  Así que, no solo los humanos tenemos el derecho, el privilegio y la obligación de alabar a Dios.  ¿Cómo lo hacen las plantas, los árboles, los animales y los humanos?

Lo importante en todo esto es reconocer que existimos para alabar, adorar, glorificar a Dios (Ef. 1:6,12) y que cuando lo hacemos, no solo cumplimos el propósito doxológico, sino que el alma nuestra, el corazón y la vida interna recibe tremenda bendición.   El himno, ´Señor mi Dios, al contemplar los cielos y el firmamento…mi corazón entona esta canción….´ no solo es una afirmación de la grandeza de Dios, sino que es una bella manera para alabarlo desde lo más profundo de nuestro ser ¿Por qué?

Levántese de donde está, de unos cuantos pasos,  por favor observe lo que hay a su alrededor, mire hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados… ¿acaso no hay suficiente motivo para alabar a Dios por tanta belleza, creatividad, diversidad, etc.?  Hay mucho placer cuando adoramos a Dios con todo el corazón, en una íntima relación con Él y solvencia con los demás. La adoración comienza en el altar favorito de Dios, el corazón sincero, integro y renovado por el Espíritu Santo, y se demuestra en nuestras buenas relaciones con los demás.

Haga de este día, un día de completa adoración a Dios  donde renueva su vida espiritual. Pida perdón a Dios por sus pecados, agradezca a Dios por el perdón, y restablezca las buenas relaciones con todos los demás.  Haga esto último, en oración a Dios.

 

Proverbios. 16:13

“Los labios justos complacen a los reyes… estos aman a los

 que hablan con rectitud”

En este corto versículo hay varias palabras importantes.   La primera, “labios” la cual tiene que ver con palabras, hablar y comunicar.   La segunda, “justos y rectos” que se refiere a carácter,  actitud, forma de vida y personalidad.   La tercera, “complacer, y amar” que son el resultado en este caso por el buen hablar, el sabio hablar, el hablar para edificar.   Son los justos y rectos los que hablan bien, y son ellos mismos los retribuidos con amor, con admiración, y con agrado por parte de quienes le escuchan hablar bien.

Ya en otro devocional me referí al arte de hablar con sabiduría.   En este caso, en el versículo que nos detiene, hay dos acciones que se recalcan al referirse a los justos y rectos por ser temerosos de Dios en sus corazones.  Quien teme a Dios, se espera por lógica que su forma de hablar corresponda a su nueva posición o naturaleza en Cristo. Cuando se tiene conocimiento de la Palabra de Dios, se sabe aplicar dicha palabra a la circunstancia que le toca vivir, y sabe diferenciar entre lo bueno y lo malo.  Eso, es lo que hace un justo y recto delante de Dios.

Ahora pregunto, ¿Cómo complacer o contentar a Dios?  No solo viviendo correctamente, en justicia, sino practicándola por medio de nuestra forma de hablar.  Cuando se es justo y recto delante de Dios y en toda la manera de vivir, cada palabra que sale de su boca, contribuye, anima, ayuda, edifica, motiva a quienes le escuchan, y la recompensa para el justo que habla bien, es sentirse complacido porque quienes le han escuchado se sienten agradados y complacidos.

Hay ciertos tips para evitar el hablar mal y por ende no complacer a Dios ni a quienes nos escuchan.  1) Piense un poquito antes de lo que va a decir.  2) Hable solo lo necesario, cuando te lo pidan.  3) Hable siempre con un propósito, el de contribuir para bien, edificar, ayudar. 4) No diga palabras ambiguas que se prestan a doble sentido o palabras incultas, fuera del contexto en que se está. 5)  Hable con palabras claras, y pida la ayuda de Dios para un saber hablar.

 

Que al final de lo que le escuchan, puedan decir de usted, “Has hablado bien, breve y sustancioso”

Provebios 12:22

Dr. Luis Gómez

Nuevamente, Dios me lleva a pensar en esta enorme y significativa palabra en la vida de todo hijo de Dios.   Contentamiento y  aunque en este pasaje la versión Reina Valera la traduce como contentamiento, sin embargo, el significado original es “complacencia” que si lo vemos como un gerundio es la acción de “complacer” a Dios.    Surge la pregunta lógica, ¿Quién o qué es lo que complace, satisface, o alegra  a nuestro Dios?  El texto  da dos opciones, por favor, vuelva a leer el versículo y conteste la pregunta.

Los labios mentirosos son abominación a Jehová;
Pero los que hacen verdad son su contentamiento
.

La respuesta puede ser un poco más profunda.  Los que complacen a Dios son los que hablan la verdad o los que actúan conforme la verdad.   Es más, quienes agradan a Dios no son los que hablan la verdad porque aunque las esté diciendo es probable que en su corazón no viva esa verdad.  Esto lo convierte en un mentiroso a quien Dios abomina o sea no los acepta. Lo que verdaderamente satisface a Dios y lo complace es el que por vivir y conducirse conforme la verdad tiene el derecho y la autoridad moral para hablar de la verdad y la verdad.

¿Qué se necesita para actuar, vivir, conducirse conforme la verdad? Estar en primer lugar en buena relación con Dios.  Controlado por el Espíritu Santo.  Estar llenos de la Palabra de Dios.  Estar controlados por el temor de Dios.  Estar sometidos a la voluntad de Dios.  Estar saturados del amor de Dios.  Y estar comprometidos con la misión de Jesucristo.

¿Qué acciones nuestras contradicen la verdad que decimos vivir o de la cual hablamos?  La hipocresía, el actuar con fingimiento, el no hacer el bien cuando sabemos que podemos y debemos hacerlo, decir medias verdades, no decir lo correcto cuando amerita que lo digamos, cuando culpamos a otro sin ser el culpable.  En fin, todo lo que hacemos sin amor, sin fe, sin santidad, estamos desagradando a Dios.

Esto me lleva a tomar la decisión de esforzarme por complacer a Dios no solo diciendo la verdad, sino que antes de decirla, debo vivirla, encarnarla.  De manera general, debo evitar el pecado.  Debo ser honesto en todo y con todos.   Cuando hable, poner atención en lo que diré para decir lo que es correcto.   Es necesario alimentarme, llenarme de la Palabra de Dios cada día, para que cuando hable sea la Palabra de Dios la que brote de mis labios.    Dios mío, ayúdame para no ser imparcial, para amar a todos por igual, a decir no cuando el no te complace a ti aunque  a los demás no, que pueda decir si porque esa es tu voluntad aun cuando todos me critiquen o me señalen. Terminar con relaciones y contactos que nos llevan a no vivir y practicar la verdad, eso satisface a Dios.

Mantener contento a Dios con nuestra vida requiere vivir en la verdad, vivir la verdad y decir  solo la verdad.

Habla para edificar

1 Timoteo 1:5:7, 3:2-3

En mis 30 años de ministerio pastoral, una de los aspectos que se debe cuidar es la forma de hablar. Ya que se puede hablar sin mala intención o con propósito pedagógico pero el receptor puede entender todo lo contrario.   En mi primer ministerio a tiempo completo hace 30 años, di un estudio de Romanos.  Al terminar el estudio de una de las noches, se acerco a mí el presidente de los diáconos y me dijo: Pastor, lo que has enseñado es tan sencillo que hasta un niño lo puede entender, necesitas hablar con más profundidad.   Seguí caminando y me encontré con el padre de este diacono y que era el fundador y anciano de la Iglesia y me dijo: pastor, su estuvo tan elevado  y profundo que no todos lo pueden entender, necesita que lo haga más sencillo.

Ya se dio cuenta lo difícil y delicado que es el hablar.   Y es más delicado cuando se enseña o se habla ante una audiencia de diferentes países.  ¿Cómo hablar sin ofender o confundir? Es delicado cuando se habla con acento de enojo y se usan palabras de doble sentido o se está haciendo en forma de broma o ironía.    Hay personas muy sensibles y a veces hasta delicadas, porque no les gusta bromear, con poco se resienten por una palabra mal dicha o dicha.   Por otro lado, la Biblia dice que en la abundancia de las palabras hay pecado, y eso es verdad, quienes hablamos mucho corremos el peligro de hablar hasta de más.

Es por eso que el consejo de la Biblia es saber hablar.  Hablar con un lenguaje correcto, con una intención sincera, con propósito de edificar, y evitar aquello que aunque es bueno pero parece malo.   Hablar con un corazón limpio, limpia conciencia y con una fe no fingida.  Algunas reglas de comunicación son:  no hablar más de lo que se le pide, pedir permiso al hablar, no hablar de las personas si no están presentes  pero al estar presente, hablar con amor, sinceridad, honestidad, y con sabiduría.  Espere que la otra persona termine de hablar, desarrolle un solo tema al mismo tiempo, no se justifique, busque el bien, no ataque, hable para edificar.

¿Cuál es el resultado si no practicamos un amor como el que describe Timoteo? Lo que decimos son solo palabrarerias, discusiones inútiles, sin sentido, sin propósito pedagógico, solo por hablar, con cierta arrogancia o soberbia considerándonos que todo lo sabemos y eso es pura jactancia.    Esto es muy peligroso, hablar con las personas o de las personas con orgullo, jactancia y arrogancia.   Esto como dice Santiago causa un incendio y es capaz de ofender, dañar, lastimar aun cuando las demás personas sean maduras espiritualmente.  Todos podemos caer en estos errores si no tenemos cuidado con la lengua.

Si hay algún parecido, te invito a hacer esta oración conmigo: “Señor, mira mi corazón, mi conciencia, mi amor, mi fe y mis intenciones al orar.  Dime, como estoy, como me calificas.  Por favor, mira mi actitud cuando hablo, ¿tiene algún parecido a estos falsos maestros de los que habla Timoteo que eran hipócritas, arrogantes y soberbios?  Perdón mi Dios, porque en algunas veces consciente o inconsciente seguro que he caído en esta maligna actitud y con seguridad he hecho sentir mal a algunas personas. Te ruego que me perdones.  Ayúdame a cambiar mi forma de hablar, a hacerlo con sabiduría, con más cuidado, con respeto y que sea para edificar y que lo haga todo con el  amor verdadero.   Ayúdame a ser humilde y hablar solo lo necesario, con propósito edificativo, y que por sobre todo, honre tu nombre, edifique la iglesia y de a conocer el amor de Dios, en el nombre de Jesús, amen”.

Dr. Luis Gómez Chávez

Es probable que cuando lea este devocional, de inmediato se identifique con la editorial y el sermón dominical.  Esa es mi intención, que cada lector conjugue el pensamiento vertido en la editorial y en el sermón del domingo.   Hoy nuevamente insisto que Dios siempre ha deseado con  profundo anhelo formar un pueblo santo que  le reconozca.  Sin embargo, si en caso, se le escapo o se le olvido leer el editorial del domingo, le recuerdo que el anhelo de Dios aunque eterno y celestial, es presente y real.  En otras palabras, todo creyente puede alcanzar un nivel de santidad que le capacite a vivir de acuerdo al deseo de Dios.   Cuando dice Pedro, “Sed santos porque yo soy santo” es una verdad para todos, y más cuando dice, “en toda vuestra manera de vivir” es una exigencia inclusiva.

Ese es el deseo eterno y presente de Dios, que todo hijo suyo viva apartado de lo que ofende a Dios, de lo que denigra al evangelio, de lo que interrumpe la consecución de las buenas nuevas, de lo que no ayuda para que las relaciones interpersonales en amor se desarrollen con eficacia.    El anhelo de Dios es que todos sus hijos le honren con integridad, le adoren con sinceridad, le exalten con espontaneidad.  La Biblia dice, ¡Oh ignoráis que vuestro cuerpo es templo el Espíritu Santo!

¿Es el anhelo de Dios su  anhelo?  ¿Se esfuerza con intensidad  vivir apartado  del pecado?  ¿Qué cosas recuerda usted que en esta semana se abstuvo de hacer porque vino a su mente la nueva identidad que tiene en Cristo?   Por ejemplo, José, con tal de honrar a Dios, dejo la ropa en las manos de la esposa de Potifar quien quería hacerlo pecar.   Juan prefirió ser encarcelado antes de desobedecer a Dios cuando le prohibieron hablar de Jesús.   Esteban se dejo apedrear manteniendo su boca cerrada con tal de honrar a Dios.   Juan el Bautista murió degolladlo por señalar el pecado de Herodías.

¿Quién ha dicho que vivir en santidad para honrar a Dios es fácil?   Pablo le dijo a Timoteo que tuviera cuidado de sí mismo, que se mantuviera sobrio, firme y proclamara el evangelio aunque implicara sufrimiento.    Cumplir el anhelo de Dios    no es fácil pero es lo que da mayor satisfacción.   Atrévase a obedecer este sublime anhelo de Dios.   Haga que el anhelo de Dios queme, impulse,  guie,  controle todo su ser y sea su máximo anhelo.   Haga de este anhelo la filosofía de vida y  ministerio.

Ya para terminar, le ruego que examine esto con mucho cuidado y responda con responsabilidad.  ¿Es el anhelo de Dios mi anhelo personal?  ¿Busco con esmero el hacer la voluntad de Dios viviendo apartado del pecado?

Propóngase en esta semana poner más esfuerzo por agradar a Dios con todo lo que piensa, desea y hace.  Porque cuanto más apartado este de lo que desagrada a Dios, más estará contribuyendo para que la Iglesia avance.

Dr. Luis Gómez Chávez

05-21-17

Es probable que cuando lea este devocional, de inmediato se identifique con la editorial y el sermón dominical.  Esa es mi intención, que cada lector conjugue el pensamiento vertido en la editorial y en el sermón del domingo.   Hoy nuevamente insisto que Dios siempre ha deseado con  profundo anhelo formar un pueblo santo que  le reconozca.  Sin embargo, si en caso, se le escapo o se le olvido leer el editorial del domingo, le recuerdo que el anhelo de Dios aunque eterno y celestial, es presente y real.  En otras palabras, todo creyente puede alcanzar un nivel de santidad que le capacite a vivir de acuerdo al deseo de Dios.   Cuando dice Pedro, “Sed santos porque yo soy santo” es una verdad para todos, y más cuando dice, “en toda vuestra manera de vivir” es una exigencia inclusiva.

Ese es el deseo eterno y presente de Dios, que todo hijo suyo viva apartado de lo que ofende a Dios, de lo que denigra al evangelio, de lo que interrumpe la consecución de las buenas nuevas, de lo que no ayuda para que las relaciones interpersonales en amor se desarrollen con eficacia.    El anhelo de Dios es que todos sus hijos le honren con integridad, le adoren con sinceridad, le exalten con espontaneidad.  La Biblia dice, ¡Oh ignoráis que vuestro cuerpo es templo el Espíritu Santo!

¿Es el anhelo de Dios su  anhelo?  ¿Se esfuerza con intensidad  vivir apartado  del pecado?  ¿Qué cosas recuerda usted que en esta semana se abstuvo de hacer porque vino a su mente la nueva identidad que tiene en Cristo?   Por ejemplo, José, con tal de honrar a Dios, dejo la ropa en las manos de la esposa de Potifar quien quería hacerlo pecar.   Juan prefirió ser encarcelado antes de desobedecer a Dios cuando le prohibieron hablar de Jesús.   Esteban se dejo apedrear manteniendo su boca cerrada con tal de honrar a Dios.   Juan el Bautista murió degolladlo por señalar el pecado de Herodías.

¿Quién ha dicho que vivir en santidad para honrar a Dios es fácil?   Pablo le dijo a Timoteo que tuviera cuidado de sí mismo, que se mantuviera sobrio, firme y proclamara el evangelio aunque implicara sufrimiento.    Cumplir el anhelo de Dios    no es fácil pero es lo que da mayor satisfacción.   Atrévase a obedecer este sublime anhelo de Dios.   Haga que el anhelo de Dios queme, impulse,  guie,  controle todo su ser y sea su máximo anhelo.   Haga de este anhelo la filosofía de vida y  ministerio.

Ya para terminar, le ruego que examine esto con mucho cuidado y responda con responsabilidad.  ¿Es el anhelo de Dios mi anhelo personal?  ¿Busco con esmero el hacer la voluntad de Dios viviendo apartado del pecado?

Propóngase en esta semana poner más esfuerzo por agradar a Dios con todo lo que piensa, desea y hace.  Porque cuanto más apartado este de lo que desagrada a Dios, más estará contribuyendo para que la Iglesia avance.